Mujeres y viajeras: un doble reto existencial
Carmen Mejía Ruiz y Eugenia Popeanga (coords.), Rocío Peñalta Catalán (ed.), Las mujeres y sus relatos de viajes: viajeras de los siglos xix, xx y xxi. Guillermo Escolar Editor, 2022
Las formas de viajar han cambiado radicalmente desde el siglo xix. No sólo se han reducido drásticamente los tiempos de desplazamiento y algunos territorios que antes eran de difícil acceso se han vuelto cada vez más alcanzables —con las implicaciones que ello conlleva—, sino que, en las últimas décadas, la digitalización y la centralidad de la imagen estructuran el viaje incluso antes de que ocurra y establecen los parámetros para su validación social en entornos digitales. En este contexto de globalización acelerada, en el que el viaje se ha convertido en una experiencia masiva, relativamente accesible y, en muchos casos, banalizada, resulta pertinente hacer una pausa para reflexionar sobre el viaje y los relatos que construimos a partir de él.
Afirmar que las mujeres se han incorporado tardíamente a la tradición del viaje sería impreciso. A lo largo de la historia, las mujeres han viajado en distintas condiciones históricas y sociales, aunque no siempre han sido reconocidas como viajeras: lo han hecho como acompañantes, desplazadas, esclavizadas o forzadas a migrar.1 A partir de las transformaciones materiales, legales y culturales asociadas a la modernidad —en especial entre los siglos xix y xx—, se modificaron las condiciones de movilidad de las mujeres: en determinados contextos, algunas pasaron de ocupar posiciones subordinadas en el desplazamiento a constituirse como viajeras y narradoras de sus propios viajes.
En la antología Las mujeres y sus relatos de viajes: viajeras de los siglos xix, xx y xxi (2022), resultado del trabajo del Grupo de Investigación “Viajar por la ciudad. Representaciones literarias y artísticas del espacio urbano” (ucm 930423), se reúnen diez estudios sobre relatos de viaje escritos por mujeres entre los siglos xix y xxi, que dan cuenta de las transformaciones en su posición como narradoras de sus propios desplazamientos. Los textos están ordenados cronológicamente, según el corpus, y agrupados en tres secciones, correspondientes a cada uno de los siglos que conforman el periodo abordado. En la presentación, “Escritos de las viajeras”, Eugenia Popeanga ofrece una serie de claves para situar el campo de estudio al revisar algunos rasgos de los relatos de viaje que, como se verá más adelante, se modifican sin perder continuidad conforme cambian las formas de viajar y la posición de las mujeres en la sociedad: se trata de textos que narran un viaje desde una voz en primera persona en la que coinciden autora y protagonista, lo que les confiere un carácter autobiográfico; a su vez, articulan saberes de distinta índole —geográficos, históricos y antropológicos—; y pueden adoptar diversas formas, como el diario, la correspondencia o la crónica, en las que se entrelazan dimensiones espaciales y temporales, donde el registro de lo vivido admite, en ocasiones, la incorporación de elementos ficcionales (8).
En la sección “Viajeras del siglo xix”, se agrupan tres estudios dedicados cada uno al análisis de Voyage d’ une femme au Spitzberg (1854), de Léonie d’Aunet, a cargo de Diego Muñoz Carrobles; The Land beyond the Forest: Facts, Figures and Francies from Transylvania (1888), de Emily Gerard, estudiado por Inés Carvajal Argüelles; y Pelo mundo fora (1896), de María Amália Vaz de Carvalho, analizado por María Colom Jiménez. En estos trabajos destacan, en primer lugar, la contextualización de la situación de las mujeres que viajaban y la tradición en la que se inscriben estos relatos, provenientes de Francia, Escocia y Portugal. Asimismo, subrayan algunos cambios en las condiciones tradicionales, como el acceso de estas autoras a la educación y su progresiva ampliación más allá de las clases privilegiadas. En este sentido, los textos analizados transgreden la posición históricamente asignada a las mujeres y muestran las distintas estrategias que sus autoras desplegaron para inscribirse en el campo literario.
La sección “Viajeras del siglo xx” reúne los estudios que Valentina Zucchi, Rocío Peñalta Catalán, Juan M. Ribera Llopis y Mónica Carabias Álvaro dedican, respectivamente, a los relatos de Sibilla Aleramo, Victoria Ocampo, Aurora Bertrana y Ana Matías. Con el cambio de siglo, se advierte una transformación en la posición desde la cual escriben estas autoras. Aunque la tradición literaria continúa ampliamente dominada por hombres, las escritoras comienzan a consolidarse dentro del campo intelectual. Esto se refleja en que los estudios sobre Aleramo, Ocampo y Bertrana no se centran en una sola obra, sino que se nutren de un conjunto de textos en los que se articulan sus experiencias de viaje. En este contexto, el viaje se convierte en una extensión del proyecto autoral y deja de ser únicamente una experiencia de exploración del yo para configurarse también como un espacio de formación estética e intelectual. Asimismo, la selección del corpus de esta sección permite identificar diferencias en las condiciones sociales y económicas de las viajeras: mientras que Ocampo viaja con la seguridad que le brinda su patrimonio familiar, Aleramo se configura como una figura nómada y peregrina, más próxima a “los irregulares, los rebeldes, los vagabundos, los valientes” (٨٣); por su parte, en Bertrana el viaje adquiere un carácter cercano a la investigación etnográfica que, al observar a otras culturas, le permite pensarse a sí misma como mujer occidental.
El caso de Ana Matías se distingue del de las autoras anteriores, ya que su obra se articula en un libro de fotografías. En ella, el viaje no se configura como un desplazamiento geográfico, sino como un recorrido temporal hacia la época en que fueron tomadas las imágenes. A partir de este gesto, la autora reconstruye el itinerario vital de una generación y desplaza el énfasis del movimiento en el espacio hacia la memoria y la experiencia compartida. La incorporación del análisis de la obra de Ana Matías reconfigura los ejes tradicionales del relato de viajes: el desplazamiento se vuelve temporal, la narración cede lugar a la construcción de un archivo visual y la experiencia individual se abre hacia una memoria generacional. La imagen fija al presente como materia de relectura futura, haciendo del viaje un ejercicio de reconstrucción.
La última sección del libro está dedicada a “Viajeras del siglo xxi” y reúne tres estudios que dan cuenta de la diversificación del relato de viajes. Alba Diz Villanueva analiza Bucarest. Polvo y sangre (2019), de la autora polaca Margo Rejmer, un reportaje literario sobre la capital de Rumania. Por su parte, Sandra Teixeira de Faria aborda Donas de si. Travessias marcadas pela violencia de géneros (2018), de la brasileña Fray Alves, un libro-reportaje que recoge los relatos de vida de cinco mujeres que se vieron obligadas a migrar dentro de su propio país debido a la violencia de género. Finalmente, Carmen Mejía Ruiz estudia Atlas poético. Viajeras del siglo xxi (2013), una antología que reúne las voces de veintiocho mujeres poetas.
Esta última sección muestra cómo los rasgos formales tradicionales del relato de viajes se desplazan y se reconfiguran, al tiempo que se mantienen elementos como lo autobiográfico, la articulación de información sobre el entorno y el viaje como exploración personal. En el caso de Margo Rejmer, el viaje se convierte en un proyecto con fines documentales; en Fray Alves, ese mismo impulso documental permite visibilizar las voces de mujeres históricamente silenciadas y dar cuenta del desplazamiento por violencia de género; mientras que, en Atlas poético, el viaje se traslada al discurso lírico y se configura como un coro colectivo.
A lo largo de los diez análisis que conforman las tres secciones de Las mujeres y sus relatos de viajes, se observa cómo las condiciones del viaje para las mujeres se transforman históricamente, del mismo modo que las formas y las intenciones del relato se reconfiguran en función de esos cambios. Al tratarse de estudios diversos, el volumen ofrece un amplio panorama de la teoría y la crítica de la literatura de viajes; sin embargo, esta amplitud implica también una notable heterogeneidad en los enfoques. La diversidad de procedencias lingüísticas y culturales del corpus abordado en estos diez análisis permite, no obstante, trazar un recorrido significativo por la tradición de la literatura de viajes escrita por mujeres.
El recorrido por estos tres siglos de relatos de viaje da cuenta de las distintas posiciones que han ocupado las mujeres en el campo intelectual. A partir del corpus abordado, es posible identificar transformaciones en el propio relato de viajes, en su construcción, en sus formas de edición y en la configuración de sus elementos formales, así como en sus intenciones y en su articulación con otras prácticas, como la fotografía y el periodismo. Las autoras reunidas en esta antología no sólo narran el viaje como experiencia subjetiva, sino que observan las condiciones de las mujeres de su tiempo; al situarse en un espacio que históricamente les había sido restringido, el desplazamiento les permite mirar a otras y pensarse a sí mismas. De este modo, la antología permite examinar el lugar de las mujeres en la historia del viaje y plantea una doble exigencia en las viajeras: afirmarse como sujetas en el espacio público y sostener una voz propia en la escritura.
María Alejandra Muñoz Ortiz
Universidad de Guanajuato
1 Durante las expansiones imperiales europeas en América, África y Asia, algunas mujeres se desplazaron como parte de proyectos coloniales —como colonas, acompañantes o agentes del Imperio—; en la trata transatlántica de personas esclavizadas, millones de mujeres africanas fueron trasladadas de manera forzada; y en los territorios colonizados, muchas mujeres originarias fueron desplazadas dentro de sus propias tierras mediantes procesos de despojo y violencia colonial.
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