Todo y nada

Markus Gabriel y Graham Priest. Todo y nada. Ed. Materia Oscura, 2024

La obra Todo y nada es, en esencia, un debate actualizado sobre la relación entre lógica y metafísica/ontología a partir, precisamente, de los conceptos de totalidad y nada. Una de las problemáticas más relevantes de las puestas en juego es la crítica a cuáles son los límites que un argumento ontológico o metafísico puede soportar o transgredir para decir algo con sentido absoluto dentro del mundo o, al menos, dentro del marco de la filosofía actual.

Los autores pueden presentarse fácilmente. De un lado Graham Priest, uno de los lógicos más reconocidos en la actualidad e impulsor de las lógicas paraconsistentes. Del otro, Markus Gabriel, uno de los filósofos que, junto a Maurizio Ferraris y Jocelyn Benoist, ha impulsado el giro Nuevo Realista de la filosofía continental del siglo xxi. Lo que tienen en común ambos autores es que aceptan el dialeteísmo; aceptan que existen contradicciones verdaderas no triviales. El caso es cómo y para qué acepta cada uno de ellos la existencia de contradicciones verdaderas. En Priest, la contradicción fundamental aceptada es la de la nada (es y no es) que, además, forma parte del todo. En Gabriel, el dialeteísmo aparece por aceptar que dentro de algunos campos de sentido las contradicciones pueden ser verdaderas, inspirado en parte por los objetos imposibles de Meinong. Más abajo explico estas dos posiciones.

Al contextualizar el debate, no puedo evitar señalar un matiz histórico. El Tractatus de Wittgenstein se publicó en 1921/1922. Ser y tiempo, de Heidegger, en 1927. Esta obra conjunta, Todo y nada, aparece por primera vez en inglés en 2022, en español en 2024. Con estos años en mente uno se pregunta: ¿cómo se ha transformado la discusión sobre la noción de totalidad en los últimos cien años? Entiendo que, en términos generales, la filosofía del siglo xx asumió una perspectiva común: la imposibilidad de acceso a una totalidad objetivable. El todo unificado de una vez por todas en una teoría no existe. Heidegger ejemplifica esto con la diferencia entre pensar el ser, propiedad que abarcaría al todo y que conlleva preguntarse el porqué existe algo y no nada, respecto al conocimiento de lo ente existente. En el ámbito analítico, se encuentra algo similar al final del Tractatus, cuando Wittgenstein distingue entre decir cómo es el mundo y pensar el porqué el mundo es. Lo singular del siglo xxi es que se localizan algunos argumentos en los que el intento de recobrar argumentos absolutos o totales sobre la realidad se reaviva. Justo por eso este libro es un ejemplo del estado de cosas actual de la filosofía de corte especulativo; se anhela una posición absoluta o intentos de perspectiva total a condición de reconocer un debate desde la pluralidad de comienzos teóricos. Éste será uno de los temas nucleares de la discusión entre ambos autores. Tras Kant, Hegel, Wittgenstein, Heidegger (y algunos otros), ¿cómo usamos —o descartamos— la noción de totalidad hoy en día?

La obra consta de diez capítulos, divididos en tres partes. Los cuatro primeros son dos ensayos de cada autor, dos de Priest y dos de Gabriel. Posteriormente, como segunda parte, aparecen cuatro debates entre ambos fechados entre el 16 y el 20 de agosto de 2021 en Bonn, Alemania. Por último, hay un capítulo de Gregory S. Moss, donde encontramos una perspectiva más a considerar basada en su obra Hegel’s Foundation free methaphysics: The logic of singularity. En lo que sigue, paso a exponer sucintamente lo que se encuentra en la argumentación general de cada autor, sin poder dedicar espacio al interesante fragmento de Moss en el que muestra en qué consiste el dialeteismo de cada autor dentro de su propia concepción.

En los ensayos de Priest, al lado de la explicación de su nomenclatura de conceptos lógicos aparecen sus definiciones relevantes en términos ontológicos, aquí destaco cinco: 1) Ser un objeto; es ser idéntico a sí mismo. “Ser algo puede decirse de muchas maneras. Sin embargo, hay una manera fundamental: ser un objeto. Es fundamental en el sentido de que ser cualquier cosa presupone ser un objeto” (59). 2) Además, podemos teorizar sobre la propiedad de existir y no existir, es totalmente concebible por tanto la división entre objetos existentes e inexistentes (a la inclusión de objetos inexistentes en una teoría Priest la denomina noneismo). 3) El todo no es definido como conjunto, sino como la parte en común de todos los objetos. Es una teoría mereológica (parte/todo), no conjuntista (pertenencia/inclusión), en la que además elimina lo que en mereología se suele considerar antisimetría. Sin muchos tecnicismos, eliminar la antisimetría supone establecer relaciones entre la parte y el todo en las que se permite que una totalidad pueda ser parte de sí misma sin contradicción. El ejemplo ilustrativo de Priest es el cuento “El Aleph” de Borges, ya que, tal y como ocurre en el relato, el todo incluiría la perspectiva que “mira” al todo. Ver el todo y, por eso, verse a sí mismo viendo al todo sería un ejemplo literario de lo que en mereología es el rechazo de la antisimetría parte/todo. Mientras que la asimetría distingue el todo de los objetos que unifica, la antisimetría permite que el todo sea una parte de sí mismo. 4) La nada introduce en Priest el carácter contradictorio, es la suma mereológica de los no objetos, pero a la vez, por el hecho de poder ser nombrada, pensada, es un objeto. La nada es a la vez inefable y no inefable. 5) Por último, la fundamentación de Priest consiste, muy resumidamente, en que ser algo es fundamentalmente ser un objeto, esto es, distinto de la nada. Por tanto, ser un objeto es aquello que es distinto de la nada. En este sentido, ser un objeto depende de reconocer su diferencia para con la nada. Así, ser un objeto es “destacar sobre el trasfondo de la nada”. Siguiendo esta línea argumental, la nada se fundamenta en su propia condición paradójica, es y no es un objeto, mientras que el resto de objetos dependen de diferenciarse de la nada. Priest añadirá que bajo estas definiciones sólo hay una contradicción, la de la nada que, sin embargo, no convierte el sistema en explosivo ni trivial, no se deduce cualquier cosa de tales definiciones.

Del lado de Gabriel, comienza la lucha con una temática clara: en su principal obra Fields of sense, su tratado ontológico (traducido como Sentido y existencia), niega que pueda hacerse una teorización metafísica que implique una cuantificación total, de ahí su famosa proposición “el mundo no existe”. Mundo es la noción que Gabriel tiene para hablar de la totalidad. De esta forma, la arena del foso de combate está alisada. Mientras Priest ofrece una perspectiva lógica sobre el todo que pretende tener alcance metafísico, Gabriel niega precisamente esto. Aunque intuitivamente podamos hablar del todo como un campo de sentido más, realmente no hay una estructura de sentido que sustente ninguna proposición al respecto, no sólo es que el mundo (el todo de Priest) sea impensable, sino que aboga por mostrar que es inexistente e inimaginable. El argumento de Gabriel, retomando el cuento “El Aleph” de Borges, es que cada vez que pensamos el todo, el todo excederá cualquier clase de acotación. En términos técnicos, no somos capaces de encontrar una regla para caracterizar que aparece en ese supuesto campo de sentido total. Así las cosas, la mereología de Priest es criticada no por su coherencia lógica, sino porque su simbolismo lógico aún no alcanza para mostrar su relevancia metafísica/ontológica. En otras palabras, falta rellenar con carne de realidad sus huesos lógicos. Frente a esto, la propuesta ontológica de Gabriel es relacional, siempre hay que acotar un campo de sentido y, por ende, no alcanzamos un sentido total, es por eso que, de nuevo, el mundo (el todo) no existe. Todo objeto para ser caracterizado como tal debe tener un principio de caracterización que lo circunscribe con algún campo de sentido. Y todo campo de sentido abarca alguna estructuración de objetos. Es, por tanto, una propuesta más cercana a posiciones criticistas o fenomenológicas.

Una vez esbozados los puntos de partida en cada autor, me limito a exponer la principal crítica que se hacen entre sí. Priest, a la vez que defiende una mereología sin antisimetría para determinar el objeto “todo”, ataca a Gabriel argumentando que partir de que el todo no existe es ya estipular a priori una posición total, así cuando alguien dice que no se puede cuantificar el todo se autorrefuta. Cabe apuntar que, por ejemplo, en la teoría estándar de conjuntos de Zermelo-Fraenkel se cuantifican todos los conjuntos, aunque no exista el conjunto de todos los conjuntos; siguiendo esta vía, Priest señala la necesidad de la noción, incluso aunque no se acepte ipso facto la existencia de la totalidad ésta puede cuantificarse. Del lado de Gabriel, se sostendrán dos críticas constantes: la definición de ser objeto no implica existencia, y el retorno a su punto de partida: “las condiciones de identidad de un objeto están relacionadas con el campo, de modo que no puede haber una visión divina de todos los campos. Aunque coexistieran en un campo único y unificado y hubiera un Dios que de algún modo vigilara esta totalidad, no estaríamos en condiciones de ocupar esa posición epistémica” (138). Mientras que de un lado hay un intento de puente entre la lógica y la comprensión metafísica de la realidad, del otro hay una posición antimetafísica y a favor de la producción relacional (ontológica y epistémica) de campos de sentido. Por último, sobre los cuatro debates transcritos en el libro sucedidos en Verano de 2021 en Bonn es destacable que en el último de ellos Gabriel acepta la noción de nada de Priest (ser y no ser un objeto), por lo tanto admite la realidad de una forma de contradicción que, en su terminología, señala cómo pueden existir bucles capaces de generar su propio campo de sentido. Ello abre una puerta a desarrollos ontológicos que puedan robustecerse desde la lógica priestiana.

Hay algo socrático en la lectura de estos diálogos: la determinación por encontrar el matiz preciso de una definición, el reconocimiento del rival, incluso el hastío que se vuelve humorístico al observar cómo el debate se encalla por momentos, muestran a mi juicio algo valioso. La fuerza del pensamiento común construyéndose, aceptando sus autorrestricciones y posibilidades por encima de la persona. Ciertamente no es un libro para estudiantes no iniciados en metafísica y ontología, aunque puede ser perfectamente comprensible en su nervio fundamental. El lector se enfrentará a dos posibilidades, abrir de nuevo en el siglo xxi un intento de trazo lógico-metafísico o encontrar modos de cercar la pluralidad absoluta. Dos intuiciones contrapuestas a la hora de trazar el perímetro especulativo de la realidad.

Jesús Ruiz Pozo

Universidad de Guanajuato

Esta obra está bajo licencia internacional Creative Commons

Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0.