El catalejo aristotélico: traducción al español de un tratado barroco de retórica y poética

Emanuele Tesauro, El Catalejo Aristotélico, Raquel Barragán Aroche, Fernando Ibarra Chávez, Andrés Iñigo Silva (eds.), Fernando Ibarra Chávez (trad., notas

e índices), México, Universidad Nacional Autónoma de México / Instituto de Investigaciones Filológicas, 2024.

El Cannocchiale aristotelico (Torino, 1654) es un extenso tratado de retórica, poética y emblemática barroca en la que el jesuita italiano Emanuele Tesauro expone y condensa una teoría del ingenio (acutezza) como instrumento del arte y el conocimiento, cercana en tiempo y afín en temática a la Agudeza y arte de ingenio (Madrid, 1642) de Baltasar Gracián. Desde su título, que alude al telescopio como metáfora de la búsqueda del entendimiento basada en las obras de Aristóteles —cuya retórica y poética comenzaba a obtener mayor aplicación en el Barroco frente al Humanismo latino (petrarquista y horaciano)—, Tesauro propone que la agudeza es una herramienta óptica del espíritu, capaz de revelar conexiones ocultas entre las ideas, como el telescopio revela mundos distantes. Su empresa era sin duda ambiciosa y se nota a primera vista tan sólo por la extensión, pues buscaba con múltiples ejemplos y categorías construir una ciencia del ingenio que sistematizara las distintas formas de crear agudezas literarias, clasificándolas en géneros y especies como le hubiera gustado al estagirita: metáforas, antítesis, paradojas, hipérboles, alegorías y juegos de palabras, entre otras opciones. Cabe recordar que para entonces el ejercicio de la poesía se basaba sobre todo en la imitatio auctorum más que en el apego a manuales, por ejemplo, en su Gerusalemme liberata, Torquato Tasso no consultó directamente la manualística para su composición sino que imitó los modelos previos, tanto de la épica clásica (Virgilio) como sus antecedentes italianos (Ariosto), pues tan sólo por ser parte de la tradición se imponían como autoridades probadas de ser emuladas. El propósito de Tesauro era, entonces, al contraponerse a la estética renacentista, echar mano de un Aristóteles barroquizado en el que las figuras retóricas y poéticas funcionaran como mecanismos literarios para conceptualizar el discurso por medio del lenguaje metafórico y, por su dimensión enciclopédica, ser una obra de consulta más que preceptista en un sentido estricto. A lo largo del tratado, Tesauro recopila ejemplos tomados de la literatura antigua que sirven para ilustrar sus tesis y procedimientos discursivos. A pesar de su importancia y su fortuna como referente del Barroco, el Cannocchiale aristotelico aún ofrece líneas de investigación en otras tradiciones literarias fuera de la italiana, concretamente en la hispánica y en la novohispana, por lo que se adeudaba una traducción al español con rigor filológico y, afortunadamente, ha sido en México y en el seno de la Universidad Nacional donde se concretó este proyecto de amplios alcances y horizontes.

Así pues, la publicación que ahora es objeto de nuestra atención constituye la primera traducción al español de la amplia obra de Tesauro, ejecutada desde un punto de vista filológico. En 1741 el fraile agustino Miguel de Sequeyros la había trasladado ya al castellano, pero esta versión estaba censurada y transformada en atención del horizonte de recepción hispánico del traductor, ante el cual incluso en ciertos pasajes se sustituyeron autores italianos por españoles (7), de modo que resultaba necesario realizar una traducción crítica del texto con el fin de poder contar con un material adecuado para apoyar investigaciones en torno a la poética y retórica del Barroco europeo y, asombrosamente, a la proyección de Tesauro en América. Un proyecto de esta magnitud, por lo tanto, sólo podía gestarse en el marco de una colaboración interdisciplinar, como bien se hace notar con los numerosos participantes de diversas áreas de la filología clásica, hispánica e italiana que se ocuparon de actividades específicas del volumen, entre editores, traductores y revisores, para dotar a esta edición de varios aspectos fundamentales: la traducción del italiano al español, la traducción de una inmensa cantidad de citas latinas también vertidas a nuestro idioma y puestas en notas al pie, así como de dos apartados, uno bibliográfico y otro de índices.

Estructuralmente, este volumen contiene un estudio preliminar dividido en dos partes, de las cuales la primera (31-44) presenta una semblanza biográfica muy bien documentada debida a Sharon Suárez Larios, mientras que la segunda (45-62) es un ensayo introductorio que, de la pluma de Fernando Ibarra Chávez, explica los contenidos y las características de la obra de Tesauro, como un texto dedicado para dar la información elemental con la cual el lector pueda emplear, durante la consulta de la traducción, las claves hermenéuticas para comprender el objetivo de escritura y sus diferentes aplicaciones, en cuanto suponía un manual sobre retórica y poética barroca del cual echaron mano otros autores para sus composiciones y formulaciones simbólicas. Se agrega un catálogo de bibliografía básica (63-72) para así mostrar los estudios hasta ahora realizados sobre el Cannocchiale. Seguidamente, aparece la traducción al español (75-828) realizada por Fernando Ibarra siguiendo la edición de 1670 y revisada, según refieren al inicio del volumen, por un grupo de académicos que se reunían continuamente para dicha actividad en el marco del Seminario de Estudios Literarios del Siglo de Oro (SELSO), promovido por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Tras la traducción del texto, se incluyen dos índices sumamente útiles: el primero (845-848) enlista motes en objetos simbólicos, emblemas y empresas –es decir, el inicio de sentencias en latín o italiano para localizarlas fácilmente en el cuerpo del texto–; el segundo (849-871) es un amplio repertorio onomástico de personajes literarios, históricos y míticos que facilita hallar, por ejemplo, las variadas fuentes y el imaginario cultural de Tesauro.

Además, la publicación de esta traducción académica supone no sólo un rescate en sí mismo para analizar la obra de Tesauro desde el escenario europeo, sino una oportunidad de generar nuevas investigaciones, particularmente relativas a la influencia y aprovechamiento que pudo haber tenido en la cultura virreinal, asunto que en realidad no ha sido explorado todavía desde la literatura o la historia novohispana, pues de hecho no sólo literatos y poetas acudieron a tales manuales en busca de recursos de invención, sino también historiadores, eclesiásticos y predicadores, por ejemplo, según el catálogo de la asociación Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México (ADABI) hay registro de algunos ejemplares del Cannocchiale, siempre en la traducción de Sequeyros (1741), en bibliotecas sobre todo conventuales de Oaxaca, Zacatecas, Puebla, Guanajuato, Durango y Querétaro. Los editores mencionan (11) que esta traducción del setecientos circuló en México en cuatro conventos por los ejemplares ahora resguardados en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México. Agregan (10-11) que dos traducciones castellanas se realizaron en Nueva España, la de Francisco de los Ríos y la de Pedro Alcántara Vázquez, de las cuales sólo la del último se conserva en manuscrito en el mismo repositorio universitario mexicano (BNM Ms. 1651). Esto significa que la impronta novohispana del manual de Tesauro existió y es ahora un terreno fértil para indagar en qué formas discursivas y en comunión con qué ideas se utilizó.

En efecto, en el Fondo Franciscano de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (México) hallé un documento manuscrito en latín que actualmente estoy trabajando (paleografía, edición y traducción), consistente en un breve tratado de retórica y poética separado en dos volúmenes (vol. 157, ff. 19r-22v; vol. 164, ff. 316r-324v), cuyo título reza De arte simbólica, compuesto por el franciscano Fernando Antonio de Ortigosa quien se había inspirado –así lo hace constar en el propio documento (“Artis Simbolici Lapidariique compendium ex Comitis Emanuelis Tesauri floribus constructum”, vol. 157, f. 19r)– en el Cannocchiale. Así pues, este franciscano novohispano, del que apenas se conocen datos biográficos, redactó dos sermones impresos en México, en 1753 y 1756 respectivamente, de manera que resulta ilustrativo que Ortigosa haya compuesto un opúsculo de retórica y poética, posiblemente con miras a servir de texto didáctico para los novicios de su Orden, con lo cual el motivo de la escritura de este texto respondía a una necesidad relacionada con la enseñanza y la práctica de componer sermone; por ello, sería posible considerar la influencia de Tesauro algunos círculos regulares de la Nueva España, pues la mera existencia y composición de semejante escrito acusa la demanda por parte de un grupo interesado, en este caso particular, sus hermanos franciscanos, quienes de hecho fueron, por excelencia, los evangelizadores del Nuevo Mundo; pero que el documento esté redactado en latín significa que el público objetivo habría sido uno culto, no la población civil que naturalmente no contaba con conocimientos del idioma ni tampoco la agudeza para reconocer un lenguaje retórico barroquizante como el que Tesauro enseñaba a fabricar.

En suma, esta publicación supone no sólo una aporte por ser la primera traducción completa al español y crítica de una obra de profundo interés para los estudiosos de las distintas disciplinas filológicas y humanísticas, como la historia, la filosofía, el derecho, la teología, pues durante esos siglos tanto en Europa como en América la retórica y la poética desempeñaban un rol instrumental crucial en la composición de discursos y piezas varias dotadas de agudezas del ingenio y del lenguaje; asimismo, además de que la traducción es en sí misma un producto inmensamente valioso porque acerca en español a los interesados en estas áreas la obra de Tesauro, también facilita y propicia una nueva serie de estudios desde el ámbito estrictamente hispánico hasta el novohispano, ya que resta por descubrir hasta qué punto el Cannocchiale aristotelico tuvo influencia y aplicación en las artes retóricas y poéticas de la cultura virreinal –a la que se le apreciaba más bien la impronta humanística y renacentista europea–, cosa que hasta ahora ha quedado prácticamente inexplorada y representa una oportunidad de hallar y atesorar en México constelaciones inesperadas gracias a la visión otorgada por un catalejo que busca racionalmente enfocar el pensamiento simbólico y metafórico del ser humano.

Genaro Valencia Constantino

Universidad Nacional

Autónoma de México

Universidad Panamericana