Transformaciones de la categoría “independiente” en el campo editorial mexicano (siglo xx-xxi)

Transformations of the Category ‘Independent’ Category in the Mexican Publishing Field

(20th-21st centuries)

Alejandra Hurtado Tarazona

Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Inovación (México)

alehurtadot@gmail.com

Resumen: A lo largo del siglo xx, el campo editorial mexicano se configuró como un espacio social marcado por la intervención del Estado, el mercado y las editoriales denominadas “independientes”. Este artículo rastrea el uso y transformación de la noción de independencia editorial en revistas y suplementos culturales clave: Revista de la Universidad de México, La Cultura en México, Plural, Vuelta, Nexos y Letras Libres. El análisis cualitativo de contenido permite identificar tres momentos: a) desde los años treinta hasta 1965, cuando el Fondo de Cultura Económica fue expresión de un proyecto estatal autónomo; b) tras 1965, cuando la injerencia estatal llevó a definir la independencia como distancia frente al Estado; c) desde mediados de los noventa hasta hoy, cuando, en un contexto de concentración editorial, ser independiente implica evitar las lógicas del mercado, aunque persistan vínculos con el Estado a través de coediciones o convocatorias.

Palabras clave: campo editorial mexicano; edición independiente; industria editorial, revistas culturales.

Abstract: Throughout the 20th century, the Mexican publishing field took shape as a social space influenced by the State, the market, and so-called “independent” publishers. This article traces the use and transformation of the notion of editorial independence through an analysis of key cultural magazines and supplements: Revista de la Universidad de México, La Cultura en México, Plural, Vuelta, Nexos, and Letras Libres. The qualitative content analysis allows identifying three key moments: a) from the 1930s to 1965, when the Fondo de Cultura Económica represented an autonomous state project; b) after 1965, when state interference redefined independence as a stance against government control; c) from the mid-1990s to the present, when, in a context of publishing concentration, being independent means resisting market-driven logics, even as many publishers maintain ties with the State through co-publishing initiatives or public funding programs.

Keywords: Cultural magazines, Independent publishing, Mexican publishing field, Publishing industry.

Recibido: 8 de mayo del 2025

Aceptado: 16 de junio de 2025

Doi: 10.15174/rv.v18i37.854

Introducción

El objetivo de este artículo es precisar cómo aquello llamado independiente se fue transformando a lo largo del siglo xx, y qué implica actualmente en tanto criterio de jerarquización del campo editorial. Lo anterior, teniendo en cuenta que los sentidos de lo independiente siempre se dan de manera relacional con otros agentes, y son precisamente esas relaciones (de afinidad o de oposición) las que repercuten directamente en su definición: lo independiente como marca diferencial frente al Estado o al mercado, según el momento histórico.

Este estudio parte de la teoría de los campos de Pierre Bourdieu, la cual permite ordenar un espacio social, esclarecer las relaciones que allí se dan y derivar conclusiones que den cuenta de las complejidades de un campo como el editorial. El modelo de Bourdieu permite un adecuado estudio de la categoría de independencia, teniendo en cuenta que es una categoría histórica, móvil, ocupada por múltiples actores y relacionada con otros campos sociales.

Pensar la independencia en constante transformación es muy importante, porque implica que no hay algo “esencial” de este concepto, sino que su definición se da respecto a lo que no es, a la diferencia, a lo que se opone. Es decir, que hay muchos proyectos de diferentes características que han sido denominados o se autodenominan independientes, y no necesariamente tienen un común denominador, sino, más bien, comparten un afuera común con el que limitan por diferencia (el Estado o el mercado). Esta cuestión ha sido teorizada especialmente a propósito de la efervescencia actual.

Desde que la edición independiente (en adelante Ei) se consolidó con gran fuerza como identidad colectiva y categoría estructural del campo editorial a inicios del milenio, han sido muchos los debates alrededor de su sentido. Alrededor de 2010 se buscaba clasificar, establecer y de cierto modo encontrar si había algo “esencial” de la Ei; posteriormente, el término se fue flexibilizando por los múltiples usos que se le daba (De Souza Muniz Junior 2015; Szpilbarg 2015; Lopéz Winne y Malumián 2016; González Tolosa 2022; Hurtado-Tarazona 2022; Lefort-Favreau 2024). Esta flexibilidad no quiere decir que haya perdido su sentido, sino que dentro de la heterogeneidad de proyectos que se identifican con este término, hay algo común que es el hecho de que ninguno haga parte de un gran conglomerado: lo que comparten es el afuera, lo que no son.

Metodología

El corpus analizado está compuesto por seis revistas y suplementos culturales: Revista de la Universidad de México, La Cultura en México, Plural, Vuelta, Nexos y Letras Libres. La selección se dio por su gran importancia en el campo intelectual mexicano, dado que cuentan con un alto capital simbólico y cultural acumulado por la participación y diálogo entre muchos de los intelectuales más representativos de México y el mundo, como se verá en cada sección.

La revisión cubre desde la década de 1940 hasta 2018: la Revista de la Universidad de México (publicada con este nombre a partir de 1947) se consultó en el acervo digital “Revista de la Universidad de México”, y el seguimiento a la categoría de independencia se hizo de 1947 a 1967, periodo en que las otras revistas y suplementos culturales de gran importancia en el contexto nacional aún no existían y los autores de gran renombre publicaban primordialmente allí. La Cultura en México (publicada de 1961 a 1985) se consultó en la colección física de la biblioteca de Profética, casa de la lectura (Puebla, México), y el seguimiento contempló todos los fascículos. Plural (1971-1976) y Vuelta (1976-1998) se consultaron en formato impreso también en Profética y el seguimiento contempló todos los fascículos. Por su parte, Nexos (1978-2018) y Letras Libres (1999-2018) se consultaron en sus respectivas páginas web, y el seguimiento contempló los fascículos hasta diciembre de 2018, fecha de corte de la presente investigación.

Se realizó un análisis cualitativo de contenido, centrado en:

El enfoque es inductivo y exploratorio, basado en el análisis del discurso y en la interpretación situada del material. La intención fue identificar momentos clave en los que la categoría de independencia aparece como significante relevante para los agentes del campo. Este tipo de rastreo permite observar los desplazamientos semánticos y las transformaciones políticas, simbólicas e institucionales asociadas a la categoría.

Transformaciones de la noción de independencia

en distintos momentos clave de la historia campo editorial mexicano, siglo xx y xxi

A partir del siglo xx se pueden identificar algunos hechos clave para la consolidación del campo editorial mexicano: la fundación de la revista y editorial Cvltvra en 1916 como punto de encuentro de intelectuales del México postrevolucionario; el establecimiento de políticas culturales en el gobierno de Álvaro Obregón con la creación de la Secretaría de Educación Pública a cargo de José Vasconcelos en los años veinte; la fundación del Fondo de Cultura Económica por parte Daniel Cosío Villegas en la década de los treinta; el surgimiento de Era, Joaquín Mortiz y Siglo xxi Editores en los años sesenta.

Entrado el siglo xxi, el modelo económico neoliberal y los procesos de globalización que comenzaron a acelerarse en la década de los noventa llevaron a una alta concentración editorial del mercado del libro en español.1 Frente a este fenómeno, en que muchas de las editoriales de América Latina estaban siendo absorbidas por multinacionales, han surgido numerosos proyectos que se autodenominan editoriales independientes e iniciativas colectivas que se relacionan con este término. En México se han creado múltiples iniciativas como alianzas, redes y ferias que se han celebrado en torno a la independencia (la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes, Feria del Libro Independiente, Feria de Ediciones Autogestivas, entre otras), y múltiples proyectos editoriales asociados a este término.

Una vez presentado este contexto general, a continuación se trazará el recorrido de los tres momentos principales del cambio de esta noción en el campo editorial mexicano de acuerdo con el rastreo realizado en las revistas y suplementos culturales, y finalmente se plantearán las conclusiones y aportes principales.

Independencia y Estado: Revista de la Universidad de México (1947-actualidad) y La Cultura en México (1961-1985)

La Revista de la Universidad de México fue creada por la unam, y se publica mensualmente desde 1947. El seguimiento a la categoría de independencia se hizo para observar qué tratamiento se le daban en esos años a la cuestión de la edición en una revista gestada en la universidad pública más grande del país, en la que escribieron intelectuales fundamentales para el campo literario mexicano, como Jaime García Terrés, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco y Octavio Paz, entre muchos otros.

En los años estudiados de la revista hay alusiones a este término “independiente”, no utilizado en el contexto editorial, sino en otro sentido: en relación con la independencia de la unam como proyecto cultural e intelectual respecto al Estado, especialmente en ejemplares del 48 al 56. Por ejemplo, en el número 50, febrero de 1951, en el artículo “Universidades y paz”, del periodista Félix Fulgencio Palavicini, se afirma que

para conservar la Universidad Nacional en aptitud de corresponder a los altos fines para que fue creada y es sostenida, se requiere que subsista ajena a las fluctuaciones de la política, independiente del poder público, libre de toda intervención oficial y sin las limitaciones de la esclavitud burocrática o de la tutela política (8; el subrayado es mío).

Otro caso es el del artículo “La función de la universidad” del profesor Alejandro Lipschutz, número 53 de mayo de 1951, donde defiende que la universidad como institución debe tener, más allá de sus condiciones de desarrollo material, una independencia intelectual y científica que permita dar paso a una evolución cultural. En estos casos, como ocurrirá también con el fce en su primera etapa, la independencia y el apoyo estatal coexisten, aunque se tiene teniendo claro que la parte económica no debe afectar la labor intelectual y editorial. Así, en esta publicación comienza a darse una reflexión sobre la relación entre lo público y lo independiente, señalando la necesidad de ciertas fronteras, pero no sugiriendo una relación de una amenaza de lo primero a lo segundo; así, la posibilidad de que exista la independencia en instituciones públicas no resulta problemática en ese momento.

Por otro lado, fue consultada La Cultura en México, un suplemento de la revista Siempre! creado por Fernando Benítez, gran promotor de la prensa moderna mexicana. El suplemento era un espacio de crítica cultural y política, de tendencia antioficialista. Allí, el término “independiente” se utiliza por primera vez en relación directa con lo editorial en el suplemento 135 de septiembre de 1964, donde se celebran los treinta años del fce; allí se presenta la diferenciación frente a otros actores como aspecto clave de su identidad: se hace referencia a que el Fondo no es parte de ninguna empresa privada, ninguna universidad y que publica sus contenidos sin condicionamientos a determinadas doctrinas filosóficas o políticas. Actualmente resultaría problemático definirla como editorial independiente por su relación con el Estado, pero para entonces el no pertenecer a una empresa o universidad la definía como tal, porque como en el caso de la unam, el apoyo estatal no iba en detrimento de dicha categoría hasta 1965. Esto se ve en el siguiente fragmento:

El Fondo de Cultura Económica, en consecuencia, no es una empresa privada, de móviles cifrados en el lucro, puesto que no pertenece a ningún dueño ni a un grupo de capitalistas. Su patrimonio no consiste en acciones negociables o de propiedad personal: obviamente, tampoco reparte dividendos. Las ganancias que pueda conseguir, ya que opera con los métodos que el régimen de mercado impone, las reinvierte, preceptivamente, en la edición de libros y en las instalaciones a este fin destinadas. El Fondo, tan ligado a las universidades, es independiente de ellas. Además, en la selección de obras no se halla condicionado por estas o aquellas doctrinas filosóficas o políticas (Suplemento 135 de 1964: III; el subrayado es mío).

En este y en el próximo ejemplo se mencionan las universidades, que actualmente coeditan con las ahora Ei y no resultan problemáticas (como sí las empresas privadas) para su noción de independencia; sin embargo, en este contexto, donde el Estado no era una amenaza ni existía el fenómeno de la concentración editorial, era de suma importancia hacer hincapié en que las decisiones de publicación tampoco estaban influenciadas por instituciones universitarias aunque trabajaran en proyectos de coediciones con éstas, en pro de su autonomía como proyecto cultural. Es decir, en cuanto cambian los actores que se ubican dentro de la Ei por la transformación del término, cambian también los actores externos a la Ei que representan una “amenaza” a dicha independencia.

En el suplemento número 197, donde se publica una encuesta sobre la industria editorial que Carlos Landeros hace al fce, Joaquín Mortiz y ERA. De las tres, la única que alude a una cuestión de “autonomía” es el fce; aunque no aparece el nombre de quien respondió las preguntas, allí se afirma que no tienen mentalidad comercial sino de labor cultural, pues su tarea es colaborar con los procesos de alfabetización y facilitar que las masas lean libros de calidad a buen precio; que no es una institución oficial sino una institución autónoma de cultura sin fines de lucro.

Por su parte, Joaquín Mortiz no se adjetiva de ningún modo; con tres años de trayectoria en ese momento no se refiere a ningún otro proyecto editorial como competencia2 y hace énfasis en las dificultades financieras que siempre tuvo un proyecto que tenía un catálogo sobresaliente, pero que no tuvo la mejor administración.

Finalmente, Era se describe como una editorial diferente a las otras; no obstante, no ahonda en los rasgos de dicha diferencia más allá de denominarse una editorial cultural que opera con recuperación lenta: lo que Bourdieu (2000) llamaría ciclos largos de producción que corresponden a las editoriales con mayor capital simbólico que económico.

Respecto al fce, en el número 198 de diciembre de 1965 aparece un texto sobre un suceso fundamental para el ámbito editorial: la salida de Orfila Reynal, escrito por Elena Poniatowska, entre otros textos que rechazan su despido y exaltan su labor editorial y la elaboración de un catálogo que fue definitivo para la cultura y vida intelectual mexicana y de América Latina. El episodio del despido de Orfila Reynal por la publicación de Los hijos de Sánchez3 pone en entredicho la independencia del primer momento aquí señalado, pues, aunque se defendiera que la editorial no era oficial, la salida del argentino evidencia la poca separación que hubo para ese entonces (gobierno de Díaz Ordaz) entre el criterio de publicación y los intereses políticos.

En el número 242 se celebra la inauguración de Siglo xxi, creada por el mismo Orfila Reynal, donde se exalta la independencia económica de la empresa, que se relaciona con la libertad de publicación sin censura del Estado. En este suplemento queda claro cuáles son las editoriales más influyentes de los años sesenta y setenta, y que la noción de independencia que apareció en relación con el fce quedó en entredicho después del despido de Orfila Reynal, lo cual fue dando paso a nuevas empresas privadas que ya esbozaban cierta diferencia que toma forma en el segundo periodo que estudiaremos a continuación.

Independencia del Estado a partir del mercado:

Plural (1971-1976) y Vuelta (1976-1998)

Para referirnos a Plural es importante recapitular un episodio que recuerda en cierta medida el despido de Orfila Reynal y que representa otro hecho de censura estatal, aunque once años después. En 1971 se fundó la revista de crítica y literatura Plural, patrocinada por el diario Excélsior, con Octavio Paz como director, quien publicaría traducciones hechas por el grupo de colaboradores de la revista y textos de autores de diferentes partes del mundo. En 1976 Julio Scherer, quien dirigía el diario desde 1968, deja Excélsior y Paz con sus colaboradores se retiran, dado que su ética periodística estaba en juego (Mejía 2000). Éste era un periódico que gozaba de un alto nivel de independencia y publicaba textos críticos sobre temas políticos, pero en el periodo presidencial de Luis Echeverría (1970-1976) comenzó a recibir amenazas por esa libertad de expresión que defendía y ejercía, y el gobierno dio un golpe al diario que resultaría en la desarticulación del grupo que trabajaba en este y en la renuncia de múltiples periodistas.

Plural representó, junto con el Excélsior, una fuente que resultaba incómoda para el gobierno de turno. Respecto a Scherer y Cosío Villegas –director de Excélsior de 1968 a 1976 y editorialista de los sábados en dicho periódico, respectivamente–, afirma el historiador Enrique Krauze: “los vinculaba una misma desconfianza radical, una misma independencia –y una misma fascinación– frente al poder mexicano” (Krauze 344). Hay que resaltar aquí el hecho de aludir a medios independientes, que marcan una postura del intelectual que se separa del poder político: ¿es acaso esta la forma inicial que entrevé la noción de independencia frente al poder de un Estado que propende a cooptar a los intelectuales? El papel del Estado sigue siendo fundamental en el campo, y si bien la noción de independencia es determinante para muchos proyectos, actualmente este grado de independencia es relativo (y en algunos casos problemático) frente al poder del Estado, el cual financia gran parte de los proyectos que se autodenominan de este modo. No obstante, las tomas de posición en el campo editorial de los setenta (aquí más enfocado en lo periodístico) crearon una zona de enunciación donde la independencia referida al Estado era clave: antes de 1965 no era necesaria dicha zona, pues el Estado no representaba una amenaza para dicha independencia.

En esta revista las alusiones a la independencia editorial no abundan; más bien se encuentran discusiones sobre el papel del Estado como actor del campo, lo que muestra que el tema de este como interventor de la actividad editorial despertaba frecuentes reflexiones, dentro de las cuales se encontraban diferentes posturas, con tintes de crítica o al menos de conflicto frente a su papel. Sólo se identificó un caso, en el número 42 de 1975, en donde se aludió a la noción de independencia, pero fue en relación con la independencia intelectual que proclamaba Octavio Paz en Plural, como posibilidad de tener un espacio de pensamiento autónomo; la cuestión de la independencia se da a nivel de la figura del intelectual y, de ahí, de los proyectos intelectuales que este emprende, pero no directamente como adjetivo de un grupo de empresas editoriales como ocurrirá en el tercer periodo.

Desde su nacimiento, Plural quiso ser un lugar de convergencia de los escritores independientes de México. Convergencia no significa uniformidad y ni siquiera coincidencia, salvo en la común adhesión a la autonomía del pensamiento y la afición a la literatura no como prédica sino como búsqueda y exploración, ya sea del lenguaje o del hombre, de la sociedad o del individuo (82).

Por su parte en Vuelta, publicada desde el cierre de Plural y hasta la muerte de Octavio Paz, se abrió más espacio a las cuestiones editoriales. Hay dos artículos que resultan clave para mostrar que, así como Paz reflexionó sobre la figura del intelectual autónomo, también este fue un tema importante para Cosío Villegas. Se trata de “Las edades del Fondo” escrito por Enrique Krauze (número 95, octubre 1984) e “Imprenta y vida pública, homenaje a Daniel Cosío Villegas” de Gabriel Zaid, autor recurrente en esta revista (número 96, 1984). En el primer caso, texto que corresponde al discurso pronunciado en el cincuenta aniversario del fce el 11 de septiembre de 1984, Krauze hace un recorrido por las etapas del fce, y señala que a la salida de Orfila Reynal oyó a Cosío Villegas afirmar lo siguiente:

Una de las cosas fundamentales en la vida de esta institución es que tuviera nexos con el gobierno y, sin embargo, mantuviera una gran independencia… Lo que nosotros hacíamos merecía la aprobación por ser una empresa desinteresada, bien manejada, porque le daba prestigio a México (lo cual) justificaba la ayuda del gobierno pero nunca que el gobierno tuviese que hacer nada directo… Ahora el Fondo ha perdido toda independencia de modo que –concluyó– la situación es mala (Cosío Villegas en Krauze 48).

Aquí vemos, como lo habíamos referido con el caso de La Cultura en México, que la salida de Orfila Reynal implicó un cuestionamiento de la noción de independencia, y un llamado de atención sobre la presencia del Estado que antes de este evento no había sido concebido como una amenaza, y más bien se exaltaba su labor. Al final del texto afirma Krauze que el Fondo tiene que recuperar la creatividad, frescura y temple de sus fundadores:

Necesitará hablar más desde la sociedad, por la sociedad y, a veces, frente al poder. Para todo ello tendrá que afirmar un margen definitivo de independencia. Porque la independencia, para quien edita libros o para quien los escribe, es la única posible, la única deseable, tierra firme (49).

No queda claro cómo se podría lograr ese “margen definitivo de independencia” y si se pudiera conseguir a pesar de que siguiera nutriéndose de fondos públicos, a través del temple de sus dirigentes, pero se evidencia el énfasis en la independencia del intelectual (por ende, de sus proyectos culturales) frente al campo político.

El segundo caso, el texto de Zaid, es la lección inaugural que presentó el 26 de septiembre de 1984 en el Colegio Nacional. Allí hace un homenaje a la labor de Cosío Villegas por su desempeño político y editorial, y afirma que, Cosío como intelectual, decepcionado de los presidentes y alejado de la militancia política, se fue moviendo de un “adentro” dependiente a un “afuera” independiente. Afirma:

La trayectoria de Cosío Villegas muestra que su vocación de servicio público, su carácter independiente, su experiencia del poder y sus reflexiones lo fueron llevando de la zona privada del Estado a la zona pública de la sociedad: de los servicios regidos por el secreto profesional al servicio del público en la edición de libros y revistas […] Hay en esa larga y fructífera carrera todo un abanico de soluciones creadoras para encauzar una vocación de servicio público independiente. Soluciones que solo puede necesitar y crear una persona que tenga una poderosa vocación de servicio público independiente (14).

Se puede ver una vez más esta exaltación de la importancia de la independencia del intelectual en relación con el Estado, lo cual es la característica fundamental de este periodo. Estas reflexiones fueron de la mano con el nacimiento de empresas privadas que fueron creadas en consecuencia a ese “desencanto” de la relación con las esferas públicas, y, si bien estas editoriales no se etiquetaban en un primero momento como Ei, su autonomía respecto a lo publicado en los catálogos fue posible precisamente por ese movimiento de “adentro” a “afuera”. No obstante, el acercarse más al mercado alejándose del Estado no sería garantía de total de independencia, pues se aproximaban los procesos de concentración que llevaron a grandes dificultades a proyectos mexicanos pequeños y medianos que se encontrarían con las dinámicas de absorción de grandes conglomerados transnacionales.

Enfrentando la concentración,

más allá de la cuestión nacional: Nexos (1978-2018)

y Letras Libres (1999-2018)

Este tercer periodo tiene una marcada diferencia con el anterior, por el hecho de que, a mediados de los noventa comienza la concentración editorial, y el papel del mercado (que de los sesenta a ese momento había sido un modo garantizar la independencia frente a lo público) ya no es un terreno que permite la autonomía esperada, pues comienza a estar en manos de unos pocos. Para este momento, por efectos de la globalización, las dinámicas de la actividad editorial pasan a ser una cuestión transnacional, donde los Estados mantienen cierto grado de influencia en sus respectivos territorios, pero las leyes del mercado superan las fronteras nacionales y llevan a un fenómeno de monopolizar los mercados del contexto latinoamericano en unas pocas empresas.

En este momento, el panorama actual en México podría entenderse, a muy grandes rasgos, a partir de la coexistencia de estos actores: a) las grandes empresas privadas que representan el poder del mercado; b) un Estado altamente activo en cuanto a producción y distribución, y gran interventor del campo a partir de coediciones, convocatorias y apoyos a pequeñas empresas; c) la edición universitaria, que opera entre el Estado y el mercado; d) la Ei, que no representa del todo a ninguno de los actores mencionados, generalmente goza de más capital simbólico que económico, y se relaciona con lo micro, marginal, emergente, autogestivo y en otros casos también con lo subversivo, oposicional o militante. La unión de editoriales en torno a principios anti-concentración, objetivo fundacional de la Ei como exponen sus manifiestos y declaraciones,4 ha dado resultados en cuanto a la generación de políticas públicas, creación de redes y alianzas que, entre otras acciones, facilitan la difusión de los libros, la participación en ferias y motiva las coediciones. Dicho esto, veamos cómo se da la cuestión de lo independiente en dos publicaciones que están activas actualmente.

Fundada por el historiador Enrique Florescano, en Nexos no se encontraron alusiones significativas al sector editorial hasta entrado el nuevo milenio. En este caso ya se hace referencia a la Ei como hoy se conoce, aun cuando no se encuentran textos que reflexionen teóricamente sobre las implicaciones de esta categoría: hay un consenso implícito sobre la Ei como sinónimo de editoriales que no son parte de una empresa más grande, y, además, como una categoría que poco a poco se va a arraigar a manera de identidad colectiva, como no había ocurrido anteriormente.

Dentro de los artículos está publicado un texto de Fernando Escalante Gonzalbo de septiembre de 2001, titulado “Los libros derrotados”, donde hace una crítica a la concentración editorial, al igual que en su libro A la sombra de los libros (2007); sobre este tema, en septiembre de 2006 se publica un artículo sin autor titulado “Desequilibrios en el mercado del libro”, donde se alude a los problemas que causa una gran cantidad de oferta en libros y pocos lectores, las dificultades de distribución y difícil mantenimiento de los puntos de venta, que cada vez son menos, y se enfatiza la importancia de las librerías y editoriales independientes para la bibliodiversidad:

Las librerías y editoriales independientes son los únicos agentes que garantizan y promueven el pluralismo cultural y la diversidad en la oferta de libros en el mercado. Favorecen el acceso de los lectores a una oferta editorial de fondo. Esto es, permiten que de un mismo tema se puedan encontrar muchas obras con tratamientos y tendencias diferentes, que dan fruto a la controversia y enriquecen la cultura del país (párr. 12).

Aquí podemos ver cómo ya se habla en plural de editoriales (y librerías) independientes, y su misión de diversificar la oferta cultural y enriquecerla con diferentes enfoques, en el marco del mercado en el siglo xxi.

En segundo lugar, existe en un artículo de Héctor Orestes Aguilar, “Recuerdo de Neus Espresate”, publicado el 22 de febrero de 2017. Aquí Aguilar hace un recorrido de la trayectoria de Neus Espresate y Ediciones Era, y la califica como una editorial independiente, junto a Joaquín Mortiz:

para 1980, Era ya se había consolidado con creces como el eslabón más importante en la cadena histórica que se tiende entre las no pocas editoriales del exilio republicano español, desaparecidas poco a poco de nuestra escena cultural a partir de los años sesenta, y las editoriales mexicanas independientes de la segunda mitad del siglo xx mexicano. (…) Junto a Joaquín Mortiz –sello al que le unen vínculos fraternos– Era se convirtió en una de las plataformas de lanzamiento de la generación literaria de Medio Siglo y las plumas más importantes de aquella promoción tienen al menos un libro en su catálogo, de Juan Vicente Melo a Salvador Elizondo y de Juan García Ponce a Sergio Pitol (párr. 4).

En esta cita el autor se refiere a la edición independiente de la segunda mitad del siglo xx, aunque no resulta claro a qué editoriales alude y bajo qué criterios las está adjetivando de este modo; para ese entonces no estaba consolidada esta categoría como una identidad colectiva como en el siglo xxi. Aquí la categoría es aplicada retrospectivamente, y puede estar basada en el hecho de que para este siglo, precisamente editoriales como Era o Siglo xxi participan de iniciativas colectivas como la Feria del Libro Independiente, aunque al momento de su creación no fueran concebidas bajo esa bandera.

Finalmente, en septiembre de 2018 aparece un texto de Claudio Lomnitz, “Resucitar la misión de las ediciones universitarias”, donde defiende la importancia de este tipo de edición ante la concentración editorial, pues, según él, éstas son las únicas que operan con una economía distinta a la de otros proyectos públicos o privados.

Las ediciones universitarias están en situación de recrear el nicho que antes ocupaban las pequeñas editoriales de prestigio, que vivían de estimular los apetitos de los mejores lectores, quienes luego influían y guiaban el interés del gran público, por la sencilla razón de que sabían más (párr. 3, 4).

Aunque sin duda la edición universitaria nutre el campo editorial, Lomnitz parece desconocer el amplio panorama de editoriales que no han parado de emerger desde el 2000, que también tienen catálogos que gozan de ese capital simbólico que él parece ubicar en el pasado, y cuyas propuestas cubren un amplísimo espectro. Estas editoriales del siglo xxi también incluyen proyectos de prestigio, dado que la concentración no acabó por completo con una fructífera actividad editorial: aunque sí implicó cambios en el campo, también causó una reacción importante con la creación de más de una centena de Ei.

Por su parte, Letras Libres, dirigida por el historiador y fundador de Editorial Clío, Enrique Krauze, es heredera del legado de Vuelta, aunque en ella encontramos un panorama diferente en cuanto a lo editorial se refiere, como evidenció la búsqueda hecha en los archivos de su página web. Hay una versión mexicana y otra española, y sobre cuestiones relacionadas con el libro y la edición escriben, sobre todo, autores como Zaid, Jorge Herralde, Juan Carlos Reyes Pérez, Juan José Reyes y el mismo Krauze.

La noción del siglo xxi sobre la independencia se refleja en tres ejemplos: el artículo “La edición independiente en español” de Jordi Nadal (30 de septiembre 2001), “Las leyes del libro contra el fanatismo del mercado” de Jorge Herralde (28 de febrero 2007) y “Diversidad y concentración en el mundo del libro” de Gabriel Zaid (30 de septiembre 2003). En los tres casos se alude de nuevo a cómo la concentración editorial está afectando la diversidad y posibilidades de lectura, y, en el caso de Zaid, a la figura del editor independiente dentro de este panorama en donde la libre competencia mercantil lo ha vuelto casi una especie en extinción.

Los editores independientes, que no eran ejecutivos bien pagados en constante rotación, sino dueños que ganan poco, porque disfrutan su autonomía y piensan en décadas, perdieron su mejor fuente de financiamiento para el desarrollo a largo plazo de nuevos autores, frente a los ejecutivos que piensan en trimestres y tienen que organizar golpes espectaculares para el gran público, los medios y los bancos (párr. 8),

En esta cita hay una aproximación a la figura del editor independiente actual, y se traza una diferencia fundamental con los ejecutivos bien pagados de los grandes conglomerados. Aquí el editor es dueño de su proyecto, pero no tiene altos rendimientos económicos por la lenta rotación de sus publicaciones (de nuevo, a diferencia de empresas como Planeta y Penguin Random House), porque piensa más a largo que a corto plazo, y tiene una noción de público muy diferente a la concepción de lo mediático y espectacular. Estas características se relacionan con lo señalado por Bourdieu (2000) sobre los ciclos cortos y ciclos largos de producción, y, aunque con algunas excepciones, efectivamente se corresponden con un perfil de editor particular, a partir de una diferencia marcada entre quien dirige su propio proyecto editorial sabiendo que lo esperado es que acumulará más capital simbólico que económico (pues no hará ventas masivas), y quien trabaja como ejecutivo en una editorial que hace parte de una empresa más grande de medios de comunicación y tiene grandes presiones para dar rendimientos económicos a los altos mandos del conglomerado, viendo la oportunidad de publicar libros que compre la mayor cantidad posible de gente. El anterior es otro ejemplo que ratifica esta última etapa como el momento donde el mercado representa esa fuerza de la que se quiere diferenciar la Ei, aspecto fundamental para su identidad actual.

Conclusiones

Trazado este recorrido, se pueden recapitular los siguientes puntos. Inicialmente, las alusiones que se encontraron en referencia a lo independiente se dieron en relación con el fce como proyecto público, pero culturalmente autónomo, hecho que se puso en entredicho con el episodio de la salida de Orfila Reynal y punto de quiebre para un cambio de la noción de independencia. Se da paso entonces al papel protagónico de Joaquín Mortiz, Era y Siglo xxi en la década de los sesenta y setenta, editoriales privadas que pasaron a ser reconocidas como proyectos de catálogos sólidos y claros posicionamientos políticos de crítica frente a lo estatal, a partir de una autonomía que posibilitaba el mercado en ese momento. Llega así la transformación que causa la concentración editorial a finales del siglo pasado, la cual lleva a la creación de varios proyectos editoriales que son identificados como independientes, ahora sí como categoría grupal, lo cual presupone no tanto una distancia con el Estado sino con el mercado representado en los conglomerados que absorben editoriales de menor tamaño.

Dicho de otro modo, los tres momentos clave de transformación en el campo editorial son: a) desde la década de los treinta con la creación del fce hasta 1965, cuando ser apoyado económicamente por el Estado no era un impedimento para conservar autonomía ideológica y ser considerado independiente; b) periodo posterior a 1965, año del despido de Orfila Reynal, momento en que el Estado censuró esa autonomía de la que gozaba el fce, y ser independiente pasó a significar apartarse del Estado y tener libertad económica a partir de la creación de empresas privadas, como ocurrió con ERA, Joaquín Mortiz y Siglo xxi; c) un último periodo que comenzó a mediados de los noventa y continúa hasta la actualidad, correspondiente al fenómeno de la concentración editorial, cuando las multinacionales comienzan a absorber a las pequeñas empresas, y para ser independiente es necesario no hacer parte de estas lógicas del mercado; aquí la relación con el Estado es ambigua, pues algunos proyectos consideran que se puede ser independiente a pesar de estar apoyado económicamente por algunas de las convocatorias de la Secretaría de Cultura, pero otros consideran que se debe estar lo más apartado posible tanto del Estado como del mercado para serlo.

Lo anterior muestra que, dado que la independencia es una categoría que no cuenta con un común denominador que defina a todos los actores que allí se posicionan, pues estos son diversos y sus prácticas heterogéneas, resulta fundamental aquello de lo que se diferencian y se apartan, aquello que no son (el Estado, el mercado, según el momento), para poder concebirla como una identidad que da sentido a las prácticas de ciertos actores del campo; estos actores van cambiando y transformándose, al igual que va cambiando el afuera del que se diferencia la independencia, un afuera que la define y nos permite estudiarla, en su multiplicidad y dinamismo.

Referencias

Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes. Declaración de las editoriales independientes mexicanas. 2010. https://coladelmundo.blogspot.com/2010/06/declaracion-de-las-editoriales.html.

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  1. 1 Ver Schiffrin (1999; 2005), Epstein (2002), Thompson (2012), Cruz Quintana (2023).

  2. 2 Su enfoque y dimensiones como empresa privada la hacía diferente a proyectos como el FCE; para el momento Era también había nacido hace poco (en 1959) y Siglo XXI aún no existía.

  3. 3 La obra es un ensayo etnográfico del norteamericano Oscar Lewis que cuestionaba los discursos triunfalistas sobre la economía mexicana; el libro suscitó indignación en la esfera estatal y significó el despido de Orfila. Ver Sorá (2008).

  4. 4 Ver Declaración de las editoriales independientes mexicanas (Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes, 2010), Declaración Internacional de Editores Independientes: para contribuir a la defensa y promoción de la bibliodiversidad (Alianza Internacional de Editores Independientes, 2014).