La analítica de la gubernamentalidad foucaultiana como herramienta
para problematizar la descalificación neoliberal del ejercicio del poder público*1
Foucauldian Governmentality analysis as a Tool
to Problematize the Neoliberal Disqualification
of the Exercise of Public Power
Iván Gabriel Dalmau
CONICET-Universidad de Buenos Aires, Argentina
ivandalmau@yahoo.com.ar
Resumen: En este trabajo nos proponemos analizar las herramientas conceptuales introducidas por Michel Foucault para diagnosticar el modo en que la racionalidad de gobierno neoliberal opera como condición de posibilidad de ciertas prácticas gubernamentales y como condición de imposibilidad de otras formas de racionalizar dichas prácticas dentro del marco del ejercicio de la soberanía política. Particularmente, nos ocuparemos de dar cuenta del modo en que la analítica de la gubernamentalidad permite poner en cuestión las formas en que la racionalidad neoliberal opera como condición de imposibilidad del ejercicio del poder público (cuando éste no se inscribe en el prisma de reflexión urdido desde las matrices de pensamiento neoliberal).
Palabras clave: neoliberalismo, gubernamentalidad, crítica, Foucault, capital humano.
Abstract: In this work we intend to analyze the conceptual tools introduced by Michel Foucault to diagnose the way in which the neoliberal rationality of government operate as a condition of possibility of certain governmental practices and as a condition for the impossibility of other forms of rationalizing such practices within the framework of the exercise of political sovereignty. We will focus on the way in which the analysis of governmentality allows us to question the ways in which neoliberal rationality operates as a condition of impossibility of exercising public power (when it does not fit into the prism of reflection created by the matrices of neoliberal thought).
Keywords: Neoliberalism, Governmentality, Critique, Foucault, Human Capital.
Recibido: 9 de marzo del 2025
Aceptado: 19 de junio del 2025
Doi: 10.15174/rv.v18i37.849
Punto de partida: la filosofía como actividad
de diagnóstico
Me parece que la elección filosófica a la que nos encontramos confrontados actualmente es ésta. Hay que optar por una filosofía crítica que se presentará como una filosofía analítica de la verdad en general, o por un pensamiento crítico que tomará la forma de una ontología de nosotros mismos, de una ontología de la actualidad.
Foucault, a 22.2
A mediados de la década del sesenta, en el contexto de la publicación de Les mots et les choses, Foucault brinda una serie de entrevistas en las que destaca el carácter diagnóstico de su trabajo, sea a partir del modo en que se ubica en torno al contrapunto entre filósofos como Nietzsche –que se ocupan de diagnosticar el estado del pensamiento– y como Heidegger –que abren nuevos caminos al pensamiento (Foucault, b)–; o bien al reivindicar la capacidad del estructuralismo para dar cuenta de qué es la actualidad (Foucault, c; López 447).3 Carácter diagnóstico que liga el ejercicio de la filosofía con el presente de quien filosofa, tal como fuera abordado de modo sistemático en el libro que escribe de forma contemporánea a dichas intervenciones pero que no publica, esto es el trabajo de reciente aparición titulado Le discours philosophique (Foucault, d). Asimismo, habida cuenta del característico gesto foucaultiano de relectura y reformulación recurrente de sus trabajos precedentes desde la perspectiva de sus indagaciones en curso, que se ha tornado palpable tras la publicación de los cursos del Collège de France (Wallenstein 10; Raffin, a), resulta pertinente remarcar la manera en que dicha caracterización del trabajo filosófico será explicitada por Foucault en los años ochenta en el contexto de la ubicación de su propia labor dentro del marco de los senderos abiertos en torno al legado crítico kantiano. Como se desprende de la cita que hemos colocado como epígrafe, en la clase del 5 de enero de 1983, con que diera inicio al curso Le gouvernement de soi et des autres (Foucault, a), el pensador francés sostendrá que frente a la posteridad crítica erigida en torno al Kant de la Crítica de la razón pura, que configura una analítica de la verdad preocupada por las posibilidades del conocimiento y sus límites infranqueables, se erige otra forma de concebir el ejercicio de la crítica, que posee como antecedente al Kant que se pregunta por la Ilustración, y que se configura como una ontología de la actualidad (Gros 347-361). Forma de concebir el ejercicio de la filosofía ligada a la problematización de focos de experiencia, es decir la imbricación entre las matrices de saber, las matrices normativas de comportamiento y los modos de vinculación del sujeto consigo mismo y con los otros, que constituyen el subsuelo de nuestro presente y nos habitan.
Ahora bien, a continuación, tomamos como punto de partida la preocupación por el presente que caracteriza el trabajo de Michel Foucault que, en el arco que se extiende entre comienzos de los años sesenta y su muerte en 1984, se abocó a la realización de un abordaje histórico-crítico de las matrices que constituyen la modernidad europea occidental. Particularmente, en este artículo nos proponemos analizar las herramientas conceptuales de las que el filósofo se vale al diagnosticar el modo en que la racionalidad de gobierno neoliberal opera como condición de posibilidad de ciertas prácticas gubernamentales (Foucault, e; Méndez 17-41), enmarcadas en estrategias tendientes a la promoción de determinado programa de sociedad, y como condición de imposibilidad de otras formas de racionalizar dichas prácticas dentro del marco del ejercicio de la soberanía política (Foucault, f). Particularmente, nos ocuparemos de dar cuenta del modo en que la analítica de la gubernamentalidad permite poner en cuestión las formas en que la racionalidad neoliberal opera como condición de imposibilidad del ejercicio del poder público (cuando éste no se inscribe en el prisma de reflexión urdido desde las matrices de pensamiento neoliberal). Por lo tanto, en términos formales, dividiremos el artículo en dos parágrafos y un apartado de reflexión. En el primero, nos ocuparemos de reconstruir las herramientas que el pensador forja para el ejercicio de la filosofía como actividad de diagnóstico. Tras lo cual, nos dispondremos a reponer la manera en que dicha batería conceptual le permite poner en cuestión el tipo de crítica que es promovida por la gubernamentalidad neoliberal.
La arqueo-genealogía como herramienta para el ejercicio de la filosofía como actividad de diagnóstico
En el análisis arqueo-genealógico, el objeto no es un referencial que preexiste; tampoco los sujetos están dados previamente; tanto el espacio de los objetos como el de las posibles posiciones de los sujetos, son producto de la práctica, cuya emergencia y funcionamiento debe estudiarse en relación con una trama histórica de prácticas adyacentes.
Vázquez García 89.
En los cursos correspondientes a los ciclos lectivos 1977-78 y 1978-79, Foucault complementa y enriquece sus indagaciones acerca de la biopolítica, al desplazar el encuadre de sus investigaciones hacia el proyecto de una historia de la gubernamentalidad, de modo tal de problematizar el marco de racionalidad política en el que pudo configurarse la biopolítica (Castro 59-68). Allí, presenta un conjunto de apuestas de método que consideramos oportuno reconstruir como una trama, que se forma por la propuesta de “pasar afuera del objeto, la institución y la función” (Foucault, e 119-138), la apuesta teórico-metodológica de “suponer que los universales no existen” y la caracterización de las investigaciones en curso en términos de una crítica política del saber (contrapuesta a la crítica de la ideología) (Foucault, f 3-51). La centralidad que la contraposición entre saber y conocimiento (Foucault, g; h) conserva a lo largo del decurso de las investigaciones foucaultianas durante la década de los 70 (Foucault i; j; k), el abordaje recurrente del discurso de las ciencias humanas desde una perspectiva diagnóstica (Foucault l; m), que reivindica la exterioridad y el trabajo sobre el discurso en tanto práctica frente a los abordajes epistemológicamente normativos e historiográficamente teleológicos (par que se encuentra a la base del “perenne” problema de la objetividad cognoscitiva de las ciencias humanas), nos conducen a reconstruir la caja de herramientas forjada por el filósofo a lo largo de esta década en términos de una arqueo-genealogía de las formas de objetivación. Caracterización basada en la enumeración que acabamos de presentar, a la que cabría denominar el conjunto de los “ecos arqueológicos de la genealogía”, que resulta palpable como fruto de la publicación de cursos y conferencias dictados por Foucault que se encontraban inéditos al momento de su muerte.
Al respecto, viene al caso recordar que el abordaje arqueológico condensado en su clásico libro de 1969 permite al pensador francés aproximarse a los discursos en tanto prácticas que forman regularmente los objetos, al tiempo que posibilitan la constitución correlativa de formas de subjetividad, es decir la configuración de las modalidades enunciativas que recortan las posiciones de sujeto (Foucault, g 53). Justamente, es este modo de abordaje de los saberes en tanto prácticas discursivas lo que posibilitó el planteo foucaultiano consistente en la oposición entre la teoría del conocimiento –que se ocuparía de dar cuenta de la relación sujeto-objeto– y la arqueología del saber, que se coloca por fuera de dicha relación y se encuentra abocada al rastreo de la formación de ambos términos en tanto inmanentes al ejercicio de la función enunciativa (h). Tal como lo destacara Raffin, para Foucault:
Es necesario comprender los discursos en su irrupción como acontecimientos, a pesar de que se presentan a partir de unidades de discurso que se pretenden naturales, inmediatas, universales, coherentes, dependientes de un origen y tributarias de instituciones y de prácticas. Por el contrario, las unidades de discurso son siempre artificiales, construidas y producidas históricamente (como la psicopatología, la medicina, la gramática, la economía política, la ciencia, la literatura o la política) y compuestas de hechos de discurso (b 55).
En función de la lectura que nos encontramos desplegando, querríamos enfatizar entonces que en lugar de elaborar una indagación enmarcada en la grilla forjada por la relación sujeto-objeto, motivada por encontrar el fundamento del conocimiento que el sujeto puede tener respecto del objeto y de proponer las reglas que debe seguir para garantizar la objetividad del conocimiento producido, la perspectiva arqueológica se desmarca de dicho encuadre. Al desanclar la epistemología de las ciencias humanas del interior de la relación sujeto-objeto, la crítica foucaultiana se desplaza desde el problema de la objetividad (de cuño normativo) hacia el de la objetivación (de carácter diagnóstico).
Por otra parte, antes de adentrarnos en las reflexiones explicitadas por el filósofo a finales de la década de 1970, cabe recordar algunos aspectos centrales de la lectura de Nietzsche en la que inscribe su propuesta de abordaje de las prácticas en términos genealógicos (Raffin, c 151). En el artículo “Nietzsche, la généalogie, l’histoire”, publicado por el filósofo francés en 1971 (Foucault, i), el pensador retoma la distinción entre Ursprung y Erfindung, términos alemanes que implican la noción de “origen” e “invención” respectivamente. En la lectura foucaultiana de Nietzsche, Ursprung es vinculado con la noción metafísica de “origen fuente”, de “origen transhistórico”. Lo que implica que el trabajo histórico que pregunta por el origen se ligaría a una forma de problematización preocupada por remontarse hacia el punto fontanal, que buscaría dar cuenta de la esencia de aquello respecto de lo que se pregunta. De esta manera, la pregunta por el origen estaría vinculada a una indagación tendiente a des-ocultar el acontecimiento originario, prístino, incontaminado, previo a la historia (que no sería más que un desvío u olvido con respecto a dicho origen o, en su versión inversa, de lo que se trataría no es más que del mero despliegue teleológico de lo que ya estaba contenido allí). Por el contrario, Foucault destacará que la genealogía no es la pregunta por el origen –Ursprung–, sino que se aboca a trazar la historia efectiva de las prácticas en su contingencia, al ocuparse de dar cuenta de los acontecimientos que la jalonaron desde la perspectiva del rastreo de su invención –Erfindung–, que se liga a las problemáticas concretas de la procedencia (Herkunft) y de las condiciones de posibilidad para la emergencia (Entstehung) de las prácticas.
Al respecto, cabe enfatizar que resulta palpable el modo en que el trabajo genealógico, al desmarcarse de la pregunta por el origen, retoma y enriquece las herramientas desarrolladas por la perspectiva arqueológica, en la medida en que parte del trabajo negativo de puesta entre paréntesis de las supuestas unidades, por ejemplo, de un concepto, y se propone realizar una labor paciente sobre los documentos para reestablecer la historia efectiva de las prácticas, con sus escansiones, contrapuntos y contingencias. Frente al desarrollo de una historia uniforme, elaborada desde un enfoque teleológico, Foucault destaca –en un claro eco arqueológico– la necesidad de rastrear la formación de los conceptos al revisar su historia efectiva, con la dispersión que la caracteriza.
Por otra parte, resulta fundamental remarcar que, en la manera genealógica de trabajar sobre los documentos, el rastreo de la procedencia se complementa con la pregunta por la emergencia, es decir la indagación respecto de sus “condiciones de posibilidad”, de modo tal de incorporar las relaciones de fuerza como blanco de la pesquisa. Razón por la cual, en esa historia contingente y dispersa, la formación de los conceptos debe rastrearse a través del subsuelo de los conflictos, las luchas y dominaciones que acicatearon el devenir de las prácticas indagado al trazar la filial compleja de la procedencia.
Ahora bien, tras haber introducido las aclaraciones precedentes, nos encontramos en condiciones de reconstruir las herramientas de las que Foucault se vale hacia finales de la década de 1970, cuando su labor diagnóstica lo lleva ocuparse de trabajar en el proyecto de una historia de la gubernamentalidad (Foucault, e; f). Esto es, cuando se ocupa de indagar acerca de la manera en que se ha reflexionado respecto de cómo gobernar dentro del marco del ejercicio de la soberanía política. En consecuencia, antes de dar paso al siguiente apartado, debemos enfocarnos en la manera en que la propuesta de “pasar afuera del objeto, la institución y la función” (Foucault, e 119-138) recupera y relanza la problematización desarrollada previamente respecto de las prácticas de saber-poder. En primer lugar, es de destacar que la puesta entre paréntesis de la institución permite rastrear y reconstruir la historia efectiva de las prácticas en su dispersión –con sus desviaciones, intersticios y giros– en lugar de desarrollar una lectura lineal que, teleológicamente, pretendiera trazar la historia de una institución tomándola de antemano como evidencia y punto de partida. Asimismo, para dar cuenta de la emergencia y la procedencia de las prácticas en su dispersión, también exige dejar de lado la idea de “función” que, establecida de antemano, dicha “institución” vendría a cumplir. Estas precauciones de método se complementan con la puesta entre paréntesis del objeto; lo que nos permite destacar que Foucault perfila un modo de abordaje de las prácticas que, en lugar de tomar como punto de partida las formas de saber que atraviesan las coordenadas del pensamiento y sedimentan arqueológicamente en los focos de experiencia, se propone por el contrario problematizar las formas de objetivación, como lo hiciera previamente respecto del surgimiento del criminal como objeto de saber y blanco del ejercicio del poder (Foucault, l). De lo que se trata, entonces, al poner entre paréntesis el objeto, la institución y la función, es ni más ni menos que del despliegue de una forma de problematización que busca contribuir al diagnóstico del presente.
Haciéndose eco de la indicación de método que hemos explicitado, en el curso inmediatamente posterior, el filósofo introdujo la apuesta teórico-metodológica consistente en “suponer que los universales no existen”. De este modo, la tarea negativa de poner entre paréntesis los universales habitualmente aceptados, en tanto arqueológicamente sedimentados en el ámbito del análisis histórico, sociológico y de la filosofía política, puede ser leída como un corolario del “pasar afuera” de las instituciones, con sus presuntas funciones y los supuestos objetos que toman por blanco (Botticelli 83-106). Por lo tanto, la elaboración de una perspectiva anti-historicista que consiste en poner entre paréntesis los universales y ver qué historia puede hacerse (en lugar de pasar los universales por el tamiz de la historia), contribuye a diagnosticar el presente, al posibilitar la realización de una historia efectiva de las prácticas que, en vez de tomar de antemano como evidencia y punto de partida los supuestos universales, procura dar cuenta de su formación inmanente a las prácticas de saber-poder.
En dicho marco Foucault se propondrá llevar a cabo una crítica política del saber, que se ocuparía de trazar la historia efectiva de las prácticas, por medio de las que se formaron, de manera inmanente, los objetos y fueron inscriptos en lo real, quedando sometidos a la división de lo verdadero y de lo falso como fruto de la imbricación entre una serie de prácticas y un régimen de veridicción (Foucault, f). Sostenemos, entonces, que la crítica política del saber se configura como una arqueo-genealogía de las formas de objetivación en la medida en que permite indagar la manera en que, a partir de determinado acontecimiento, se configuraron una serie de prácticas que, articuladas en su dispersión, dieron lugar a la formación de determinados saberes. Saberes cuyas reglas de formación atravesaron la constitución de ciertos objetos, modalidades enunciativas, o sea, posiciones de sujeto, y las elecciones temáticas y los conceptos que, sedimentados en la actualidad como si se tratara de universales, constituyen la grilla a partir de la que los objetos en cuestión pueden ser sometidos a la división de lo verdadero y de lo falso, a partir de la articulación de enunciados en los que, desde ciertas modalidades enunciativas, se ponen en juego determinados conceptos y elecciones temáticas.
La analítica de la gubernamentalidad foucaultiana como herramienta para problematizar el modo neoliberal de ejercer la crítica
Uno de los mayores aportes de Foucault a la perspectiva teórico-política ha sido el cambio del eje del análisis al desplazarse desde la oposición entre sociedad civil y Estado –que deriva casi ineluctablemente en el diagnóstico de una creciente estatización de la sociedad– hacia un trabajo histórico en torno de las artes de gobierno, que hace posible el diagnóstico de la modernidad como un proceso de creciente gubernamentalización del Estado. De acuerdo con esta perspectiva lejos de pensarse al Estado y la sociedad civil como universales, se los debe tomar como conceptos de tecnología gubernamental, cuyo lugar y función varía de acuerdo con las racionalidades de gobierno de las que son correlativos.
Blengino 20.
Retomando la reconstrucción propuesta en el apartado precedente, a continuación, nos ocuparemos de revisar la crítica política del saber económico, en tanto arqueo-genealogía de las formas de objetivación. Puesto que, al reconstruir las formas de gobierno económico, Foucault perfila una crítica respecto de la manera en que la formación del discurso de la economía política se liga con la constitución de los objetos, su inscripción en lo real y el surgimiento del economista como la modalidad enunciativa desde la que, aplicando los conceptos y temas del discurso económico, se puede producir un discurso que somete dichos objetos a la división de lo verdadero y de lo falso. En ese sentido, de acuerdo con la pregunta que funciona como disparador del presente artículo, nos proponemos analizar la manera en que el filósofo despliega una crítica arqueo-genealógica de las formas de objetivación inmanentes a la formación discursiva de la economía política neoliberal. En torno a lo cual, cabe remarcar que el pensador francés despliega dicho ejercicio de crítica en el marco del desarrollo de su proyecto de elaborar una historia de la gubernamentalidad.
Al inicio del curso que dicta en 1979, que se inscribe en línea de continuidad con el curso dictado el año precedente, destaca lo siguiente: “[…] intenté determinar la manera a través de la cual se ha establecido el dominio de la práctica del gobierno, sus diferentes objetos, sus reglas generales, sus objetivos de conjunto, con el fin de gobernar de la mejor manera posible” (Foucault, f 4). Es decir que no se ocupa del estudio histórico o sociológico acerca de cómo los gobiernos han gobernado, sino del problema filosófico respecto del modo en que se ha reflexionado sobre las prácticas de gobierno, esto es el problema de la “conciencia de sí del gobierno”.
Ahora bien, de acuerdo con la pregunta que jalona la escritura del presente trabajo, no nos detendremos en la reconstrucción de las distintas aristas que componen la analítica foucaultiana de la gubernamentalidad en su versión liberal y neoliberal. Por el contrario, nos enfocaremos particularmente en determinados aspectos de dicha lectura en los que la arqueo-genealogía foucaultiana, abocada a dar cuenta de la imbricación entre las formas de objetivación del saber económico y las formas en que se racionaliza la práctica gubernamental, permite echar luz en el modo en que dicho acoplamiento opera –además– como condición de imposibilidad de otras formas de reflexión acerca de cómo gobernar. Dado que la racionalidad de gobierno funciona al mismo tiempo como grilla de inteligibilidad y método de programación, nos interesa colocar el foco en aquellos pasajes en los que Foucault muestra de qué manera la racionalidad neoliberal socava las formas de ejercicio del poder público que no se racionalizan desde su matriz de inteligibilidad y no apuntan al programa de sociedad promovido por ésta. Así, en sintonía con la cita de Blengino que hemos colocado como epígrafe, nos detendremos a continuación en el modo en que las herramientas foucaultianas permiten problematizar la crítica inflacionaria del Estado promovida por el discurso neoliberal en el contexto de la Europa de entreguerras, tras lo cual nos detendremos en la manera en que el neoliberalismo estadounidense despliega una forma de crítica que apunta a “no dejar hacer al gobierno” (Foucault, f).
Al reconstruir la filial compleja de la procedencia del neoliberalismo, el filósofo se detiene en la superficie de emergencia de dicha racionalidad en la Europa de entreguerras (Foucault, f 77-104); en torno a lo cual, destaca como hito la realización del Coloquio Walter Lippmann en París en agosto de 1938: evento que puede ser considerado como el acta de nacimiento del neoliberalismo, en el que participaron renombradas figuras del campo de la economía, el derecho, la epistemología de las ciencias sociales y la filosofía política. Si bien Foucault no desconoce las tensiones y las líneas de critica interna que atraviesan el Coloquio, que oponen a los ordoliberales alemanes frente a los economistas austro-americanos, se enfoca en el eje común: la apuesta por renovar el liberalismo que tiene como punto de partida el tomar al nazismo como campo de adversidad, al problematizarlo como “punto de coalescencia” en el que convergen las distintas formas de dirigismo y planificación económica, y las políticas sociales de corte “socialista”. Esta perspectiva dio lugar a una radical puesta en cuestión de las políticas de redistribución progresiva del ingreso, dado que los neoliberales reivindicarán la desigualdad como base para la competencia, sin la cual no tiene lugar el libre juego de la actividad económica (Foucault, f 105-133; Castro-Orellana 55-56).
Específicamente, la lectura foucaultiana se ocupa de problematizar la forma de crítica configurada por el neoliberalismo, en la que se produce un fuerte acoplamiento epistemológico-político entre “el Estado-centrismo” como grilla de inteligibilidad y la “Estado-fobia” como táctica que permite marcar en “lo real” un punto de repulsión a partir del cual, como contrapunto, perfila estratégicamente un programa de sociedad. Cabe recordar que la problematización del neoliberalismo como racionalidad de gobierno es elaborada por Foucault mediante el despliegue de una arqueo-genealogía de las formas de objetivación. Por lo tanto, “Estado”, “sociedad civil” y “mercado” no funcionan como grillas que de antemano permiten orientar el trabajo de archivo sobre los documentos, sino que, como contrapartida de la puesta en cuestión de los universales, la realización de una crítica política del saber (enmarcada en una historia de la gubernamentalidad) se ocupa de mostrar arqueo-genealógicamente la filial compleja de la procedencia y las condiciones de posibilidad para la emergencia de prácticas de saber-poder cuyo surgimiento se encuentra en la base de la formación del Estado, la sociedad civil y el mercado como objetos.
Al respecto, resulta oportuno recordar que en el curso de 1978-79 el filósofo dedica una lección entera a la puesta en cuestión de lo que denominaba como “críticas inflacionarias del Estado”, formas de crítica “Estado-céntricas” que resultan peligrosamente tributarias de lo que caracterizó previamente como “fobia al Estado”. Tal como lo señaláramos previamente, esa fobia al Estado fue perspicuamente alentada por el discurso fundacional del neoliberalismo europeo que, al tomar al nazismo como campo de adversidad, señala que el régimen nazi es el punto de coalescencia en el que convergen las distintas formas de intervencionismo estatal sobre la economía, desde las políticas “socialistas” de redistribución progresiva del ingreso hasta la planificación y el dirigismo de cuño keynesiano. La analítica foucaultiana permite desentrañar los supuestos epistémicos a partir de los que se erige dicha forma de ejercicio de la crítica. Al respecto, da cuenta de que dicho modo de abordaje de la historia se vale, teleológicamente, del Estado como un universal, lo pasa a la manera historicista por el tamiz de la historia y, en una lógica de “descalificación general por lo peor”, muestra al nazismo como el punto de llegada al que tiende un presunto proceso de estatización de la sociedad. Puesto que, la articulación en clave teleológica del par “Estado y sociedad civil” como grilla habilita una lectura en la que, en lugar de anclar el ejercicio de la crítica en la historia efectiva de las prácticas (que es la marca característica de la arqueo-genealogía foucualtiana de las formas de objetivación), promueve una visión conspirativa en la que el Estado, cual monstruo frío, avanza sobre la sociedad y en la que, por lo tanto, la especificidad de los acontecimientos resulta aplanada. Lo que, en los términos del propio autor, conlleva una “elisión de la actualidad” (Foucault, f 192).
En dicho contexto, el pensador francés reivindicará como un ejercicio de “moralidad crítica” la problematización de esta grilla que se apoya en el fantasma del “Estado paranoico y devorador” (Foucault, f 194) y alienta una intercambiabilidad de los análisis, al pasar por alto la especificidad de las prácticas y promover una “descalificación general por lo peor” (Foucault, f 193). Por ejemplo, este aplanamiento de los acontecimientos, articulado teleológicamente por la citada lógica de “descalificación por lo peor”, habilita una forma de problematización en la que la seguridad social de los llamados Estados de Bienestar resulta susceptible de ser criticada en tanto “invasión del Estado sobre las distintas esferas de la sociedad civil”, que constituiría una suerte de “antesala” del totalitarismo nazi.4 Lectura frente a la cual Foucault destacará que el nazismo no consiste en una expansión inusitada del Estado sobre la sociedad civil, sino más bien en un debilitamiento y subordinación del Estado al Partido.
Tras haber revisado la manera en que la perspectiva foucaultiana permite echar luz sobre el modo en el que el discurso fundacional del neoliberalismo europeo –en el que convergen fundamentalmente los ordoliberales alemanes, los economistas austro-americanos e intelectuales franceses– se constituye como una forma de crítica que opera como condición de imposibilidad de las prácticas de gobierno tendientes a la redistribución progresiva del ingreso y la planificación económica; a continuación nos detendremos en la manera en la que el bloqueo del ejercicio del poder público es promovido por la vertiente estadounidense del neoliberalismo (en cuya formación incidirá el discurso de los economistas austríacos emigrados a Estados Unidos, razón por la que se los suele denominar como austro-americanos). Por lo tanto, dirigiremos la lectura hacia la crítica foucaultiana de la teoría del capital humano, desarrollada por la Escuela de Chicago.
Cabe enfatizar, entonces, que dicho discurso se constituye a partir de la objetivación del capital como “aquello que produce un beneficio”, en el contexto de “asignación de recursos limitados hacia fines mutuamente excluyentes”; forma de objetivación del capital que permite la introducción de un desbloqueo epistemológico al posibilitar la inclusión del trabajo como actividad dentro del análisis económico (Foucault, f 221-244). El “capital humano”, en tanto objeto, se constituirá en torno a una serie de capacidades físicas e intelectuales, vinculadas a la “productividad” y al savoir-faire, atravesadas por la tensión entre “lo innato y lo adquirido”. De este modo, la “grilla de análisis económico” es aplicada a la totalidad de las prácticas sociales, es decir incluso a aquellos comportamientos considerados “habitualmente” como “no económicos”, puesto que, desde este encuadre, todas las acciones pueden ser leídas en términos económicos ya que implican la asignación de recursos limitados hacia fines mutuamente excluyentes.
Siguiendo la reconstrucción foucaultiana, para Gary Becker –exponente de la Escuela de Chicago– el análisis económico deberá abordar el modo en que las conductas de los individuos responden de manera sistemática a las transformaciones de las variables del medio. Por lo tanto, resulta analizable en términos económicos cualquier conducta que se deje “afectar por la realidad”. La contracara de que la racionalidad económica sea problematizada como el modo adecuado y sistemático de responder a las transformaciones de las variables del medio es que el blanco del ejercicio del gobierno se tornará eminentemente gobernable, justamente, a través de las intervenciones “esclarecidas” sobre el juego entre dichas variables.5 Resulta ostensible que no se trata solamente de un modo de problematizar los vínculos entre el Estado, la sociedad y la economía; sino, además, de un programa de sociedad que apunta a impregnar las distintas esferas de la vida a partir de dicho prisma, incidiendo en la forma en que los sujetos se vinculan consigo mismos y con los otros.
A su vez, Foucault destaca que, en paralelo a su aplicación como grilla de inteligibilidad de la totalidad de las prácticas sociales, la teoría del capital humano da lugar a la constitución de una suerte de “tribunal económico permanente” ante las acciones gubernamentales. Es decir que, dicho enfoque habilitará el ejercicio cínico (en el sentido coloquial del término) de una crítica mercantil opuesta a la acción del poder público. En torno a lo cual, el filósofo introduce una analogía con la crítica del lenguaje que elabora el positivismo lógico. Así como el positivismo lógico critica el discurso científico, filosófico, etcétera, a partir del señalamiento de su supuesta inconsistencia o su sinsentido, la teoría del capital humano permitirá hacer lo mismo con respecto a las acciones gubernamentales implementadas por el poder público. A lo que agregará que, frente al principio liberal clásico del laissez-faire, que mandaba a que el gobierno se limite y “deje hacer al mercado”, el neoliberalismo ejercerá una forma de crítica basada en el ne-pas-laissez-faire –“no dejar hacer”– al gobierno (Foucault, f 252-253). Sostenemos, entonces, que la grilla de inteligibilidad forjada por la teoría del capital humano opera, simultáneamente, como condición de posibilidad de determinadas prácticas de gobierno (aquellas que promueven de forma radical la lógica del aseguramiento individual y la empresarialización de las relaciones sociales), y como condición de imposibilidad de toda otra forma de ejercicio del poder público, al que busca “no dejar hacer” bajo el pretexto del supuesto “sinsentido” de las políticas propuestas.
Reflexiones finales
Al realizar la arqueo-genealogía del liberalismo, Foucault señala que hacia mediados del siglo xviii, en las sociedades occidentales, se constata una transformación radical de la racionalidad del gobierno que va a caracterizar lo que se puede denominar la “razón gubernamental moderna” [...]. ¿Qué es lo que permitió esta transformación radical, esta emergencia de una limitación interna de la razón gubernamental? La aparición de la economía política. De esta manera, todo un plan de acción gubernamental pasará a un nuevo régimen de verdad.
Raffin d 312
Si bien el blanco de nuestro trabajo lo constituye la problematización foucaultiana de las formas en que la racionalidad neoliberal opera como condición de imposibilidad del ejercicio del poder público cuando éste se aleja de su programa de empresarialización de las relaciones sociales y se propone objetivos como la redistribución progresiva del ingreso y la planificación económica, a modo de cierre de las reconstrucción propuesta en los apartados precedentes consideramos fundamental remarcar que Foucault problematiza el neoliberalismo como una torsión de la racionalidad liberal. En ese sentido, cabría destacar que la razón gubernamental moderna y contemporánea se articula en torno a la formación y las mutaciones del discurso de la economía política, lo que ha dado lugar a las sucesivas inflexiones de las formas de gobierno económico: fisiocrática, liberal y neoliberal. Respecto de ello, resulta insoslayable el punto de contacto que, más allá de las torsiones reconstruidas exhaustivamente por Foucault a lo largo del citado curso, implica una línea de continuidad entre el liberalismo clásico y las distintas vertientes del neoliberalismo: la pervivencia de la imposibilidad de una mirada que pueda totalizar el juego económico. Imposibilidad que opone al liberalismo y sus inflexiones contemporáneas frente a la concepción fisiocrática. Tanto el liberalismo clásico como las distintas corrientes que forman el neoliberalismo despliegan, cada una a su manera, estrategias de bloqueo epistemológico-político que operan como “condición de imposibilidad” del ejercicio de la soberanía económica. En consecuencia, sostenemos que se constituye una cadena entre el problema de la invisibilidad de la “mano invisible” del mercado de Adam Smith con el señalamiento del carácter epistémico del mercado, el rol de los precios como transmisores de información y la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo tal como lo sostiene la Escuela Austríaca de Economía, y la constitución del “tribunal económico permanente” que acarrea un “no dejar hacer al gobierno” desde el prisma urdido por la Escuela de Chicago.
En este contexto, viene al caso recordar que –como lo señaláramos al comienzo de este trabajo– en la clase del 5 de enero de 1983, Foucault reivindicará el ejercicio de la crítica como actividad de diagnóstico de la actualidad frente a la crítica comprendida como analítica de la verdad, preocupada por las posibilidades del conocimiento y sus límites infranqueables. ¿No es acaso el señalamiento epistemológico de los límites de nuestro conocimiento respecto de la complejidad de la dinámica del mercado lo que obtura la posibilidad de constitución de una modalidad enunciativa a partir de la que pueda erigirse una soberanía económica?
Si a finales de los años 1970 Foucault se ocupó, por una cuestión de moralidad crítica, de trazar la arqueo-genealogía de la fobia al Estado y denunció que quienes participaban de ella debían saber que nadaban alegremente a favor de la corriente, décadas de consolidación hegemónica del neoliberalismo vuelven indispensable la revisión de sus aportes. En torno a lo cual, querríamos señalar, a título de hipótesis, que en la medida en que el pensamiento político no logre desembarazarse del bloqueo epistemológico-político que opera como condición de imposibilidad del ejercicio de la soberanía económica, no podrá hacer frente al bloqueo al ejercicio del poder público promovido por la racionalidad neoliberal y seguirán obturadas las posibilidades que encierra el igualitarismo democrático. Es decir que no dispondremos de las herramientas epistemológico-políticas que nos permitan franquear el límite de la reducción formalista de la democracia y, por lo tanto, seguiremos entrampados en las mallas de la racionalidad neoliberal.
Referencias
Blengino, Luis Félix. Nacimiento de la modernidad y gubernamentalización del Estado. Historia (geo)política de las artes de gobernar en Michel Foucault. Editorial UNLAM, 2024.
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1* Esta investigación se enmarca en el proyecto europeo TransatlanticLab-101235830, HORIZON-MSCA-2024-SE-01. El proyecto está dirigido por la Dra. Consuelo Naranjo Orovio desde el Instituto de Historia del CSIC.
2 Para ofrecer una lectura más amable, en este artículo las referencias a las obras se especifican alfabéticamente en el cuerpo del texto y están desglosadas en las referencias finales.
3 Quisiera agradecer al Dr. Marcelo Raffin por el fructífero acompañamiento cotidiano respecto de la línea de investigación en la que se enmarca este artículo. Asimismo, cabe destacar que a continuación retomo, reformulo y reelaboro algunas ideas abordadas previamente en (Dalmau, a; Dalmau, b).
4 Si bien entablar una discusión con quienes sostienen que Foucault habría sucumbido a cierta tentación neoliberal (Zamora & Behrent) excede los objetivos de este artículo, cabe destacar la radical incompatibilidad entre la perspectiva foucaultiana y la condensada en el discurso que toma por objeto.
5 Nuevamente, si bien entablar una discusión con quienes ven en la lectura de Foucault un aval del neoliberalismo excede los objetivos de nuestro trabajo, resulta ostensible que el pensador francés no ve en el capital humano una figura ingobernable, clave para pensar la resistencia (de Lagasnerie), sino todo lo contrario.